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Un experimento audaz

El director del IRCA, Simon Feary, comenta sobre la suspensión, por parte de RABQSA, del plazo de implementación de su nuevo programa de certificación de auditores

Desde nuestro lado del lago, no nos ha sorprendido la decisión del RABQSA de suspender el plazo límite para la implementación de su nuevo programa de certificación de auditores. La reacción proveniente de auditores y de organismos de certificación en América del Norte ha sido muy negativa, mucho mayor de lo usual.

Otro indicador de esta situación fue la cantidad de auditores RABQSA que solicitaron transferir su certificación a los programas del IRCA. Han habido unos pocos cada mes, pero hemos observado un aumento considerable en los últimos 6 meses. Está claro que no están satisfechos.

Tratar de inducir en el mercado interés por un enfoque radicalmente diferente es siempre un gran desafío, especialmente si ese nuevo enfoque involucra un aumento considerable de los costos. Si es poco el valor agregado percibido en ese nuevo enfoque, no es difícil predecir el resultado final.

Mi comprensión del enfoque RABQSA fue que éste tiene su origen en la premisa de que la incompetencia de los auditores era la causa primaria detrás de la pérdida de confianza en la certificación por parte de las empresas. Pero yo nunca acepté la lógica de ese argumento. Y aún el  International Accreditation Forum (IAF) está comenzando finalmente a aceptar que la causa raíz del problema tiene poco que ver con auditores incompetentes, y más que ver con auditorías incompetentes – sí, realmente hay una diferencia. Auditorías incompetentes es la consecuencia directa de acreditaciones ineficaces, y la solución de este problema no está dentro del alcance de RABQSA, IRCA o cualquier otro organismo de certificación de auditores.

No me cabe ninguna duda de que los motivos que llevaron a RABQSA a mejorar la competencia de los auditores estaban bien intencionados, pero sospecho que lo único que se logró fue irritar a miles de auditores competentes certificados, que sintieron que el mensaje era que no eran competentes porque en realidad no habían logrado su certificación a través de este camino, más caro.

El enfoque IRCA hacia la acreditación y el de la norma ISO/IEC 17024 son diferentes. Nos estamos preocupando por entender lo que necesitan los usuarios y luego acomodar esa información a la interpretación que de esa norma hacen los organismos de acreditación.

Nos estamos tomando nuestro tiempo, ya que lo queremos hacer bien de entrada. No queremos el cartel de la acreditación, si esto significa ofrecer a los usuarios algo que ellos no quieren, o que los auditores no pueden hacer fácilmente, o que involucre costos inaceptables. Consideramos de alto riesgo tratar de forzar al mercado de la certificación en una dirección en la cual no todas las partes interesadas desean ir. El negocio de la certificación de auditores no resolverá, por sí solo, el tema de la competencia de las auditorías. Para lograr un cambio real, es necesaria la participación de los organismos de certificación y acreditación. Hay signos prometedores en esa dirección.

La International Personnel Certification Association (IPC) ha fijado la acreditación según ISO 17024 como requisito de ingreso para sus miembros,  y no creo que deban revisar esta decisión en base a lo que sucedió con el programa RABQSA. IPC, y también la ISO 17024, se dirigen a audiencias mucho más amplias, y no solamente a organismos de certificación que certifican auditores de sistemas de gestión.

El enfoque basado en competencias funcionará, y realmente ya funciona, bien en algunos sectores pero no en otros. La experiencia del RABQSA puede sugerir que la certificación de sistemas de gestión está dentro de estos últimos.

En estos momentos, y a nivel internacional, existe una gran confusión en la acreditación según la norma 17024. Hay poca consistencia en su aplicación por organismos de acreditación, y una práctica que un organismo de acreditación permite fácilmente, puede ser inaceptable para otros.  Esto hace de la acreditación según la norma ISO 17024 una especie de lotería y, a no ser que se resuelva esta situación (lo que seguramente sucederá), una propuesta sin sentido, otro que no sea una indicación básica de que el organismo de certificación de auditores opera un sistema de gestión coherente.

Por un lado, debo elogiar a Michael y al RABQSA por la audacia de su enfoque. Pero, por otro lado, lamento que a través de su retórica intransigente sobre la competencia de auditores hayan distraído la atención sobre lo que yo veo como el tema real detrás de la pérdida de interés por parte de las organizaciones en la certificación acreditada, el que es un acreditación ineficaz.

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